MARTIN MYSTERE:
entre Jimenez del Oso e Indiana Jones

Fernando Cuesta

A medados de los Setenta se puso de moda lo esotérico, lo misterioso, lo fantastico, lo paranormal, lo parapsicológico, los fenómenos extranos o como diantres se le quiera llamar a todo aquello que la ciencia oficial no sabe o no contesta. De la medicina tecnificada se pasa, a la natural y hasta al curanderismo. De una cultura que habíá enterrado a Dios surge el demonio en "El exorcista" y entre ciertos grupos quien no ha visto un ovni tiene en la habitación caras como las de Bélmez. En Espana, salen estudiosos y estudios. Aparecen las colecciones "Mundo desconocido" "Otros mundos" y "Karma 7" y se empiezan a publicar trabajos de Antonio Ribera, J.J. Benitez. Se hacen populares el futurólogo Rafael Lafuente y, a través de la televisión, el doctor Fernando Jiménez del Oso. Son famosos Erich Von Daniken con sus ovnis y Uri Geller con sus tenedores doblados y sus relojes que funcionan sin maquinaria. En la vertiente histórico-sesuda, Atienza, Caro Baroja y, sobre todo, Sanchez Dragó escriben unos libros que convertirán en best-sellers.

En este marco se puede insertar "Martin Mystere" una curiosa serie italiana.

 

El Detective de lo Imposible. En la frase publicitaria "Martin Mystere, el detective de lo imposible" se resume el tono de esta serie italiana aparecida a principios de los 80, fruto de la mente de un tal signor Castelli.

A primera vista resaltan en"Martin Mystere": que es una obra de guionista y que es un producto indiscutiblemente "popular" . "Obra de guionista" es como la también italiana "Ken Parker", y la legendaria "El Hombre Enmascarado", entre otras muchas. Los dibujantes pasan, pero el guionista (Berardi, Lee Falk) permanece.

En "Martin Mystere" también se cumple esto. Castelli es el responsable de la totalidad de los guiones, pero los dibujantes se suceden con gran rapidez: Alessandrini, Ricci, Villa, Bignotti, Cassaro.

 

Cada historia de las que componen la serie tiene un dibujante diferente, y por lo tanto, la calidad gráflca varía enormemente. De entre ellos sólo Alessandrini merece ser destacado. Este hombre realiza todas las portadas a color y un par de historias. Su calidad se demuestra en la posesión de un trazo suelto y seguro, un buen sentido de la iluminación, en un correcto uso del blanco y negro y en su audacia a la hora de elaborar encuadres y ángulos que salen un poco de lo trillado. Además conhere a los personajes unos rasgos duros muy acordes con el tono épico del conjunto.

El guión de Castelli es el denominador común de la serie y el elemento que le confiere una continuidad específica, erigiéndose en el protagonista indiscutido del invento. Los guiones de Castelli, siempre referidos a los enigmas clásicos de nuestro tiempo, conectan con la sensibilidad popular. Otro punto común es la personalidad de los protagonistas, inalterable a lo largo de la serie: Martin Mystere, Java y Diana.

Por su carácter popular, "Martin Mystere" nunca aburre, busca el entretenimiento del lector, el éxito comercial y, a la vez que amena, resulta instructiva. En vez de provocar náuseas existenciales, suscita en quien la lee una serie de interrogantes sobre temas a los que se da de lado con demasiada frecuencia, absortos como estamos en todo lo que es positivismo.

Si unimos a ello que la plantilla de dibujantes fluctúa de alguno correcto a otros mediocres, que la presentación es vulgar, y no seduce ni incita a su compra por ser un producto de vanguardia gráfica (como algunos subvencionados generosamente con el dinero de todos), y que el precio es bastante apanadín, tendremos el retrato robot de lo que fue durante mucho tiempo "un tebeo popular", con vocación mayoritaria, una obra eminentemente comercial, pero en conjunto, y a pesar de sus muchas deficiencias, digna. Pues todo aquello que en el receptor cree inquietudes, y no hastío, merece la pena de ser alabado.

 

El trio de la bencina. De "Martin Mystere" se nos adjunta una escueta biografía en el primer cuaderno, de la que entresacamos los aspectos esenciales: Norteamericano, apuesto y de posición acomodada, un "yuppi" culto, arqueólogo, experto en informática, atleta completo, escritor de best-sellers de divulgación científica y habitual en las pantallas de TV con sus temas candentes de lo enigmático. Físicamente el personaje nos recuerda, irremediablemente, a Flash Gordon o Brick Bradford, rubio, rizoso, fornido, de rasgos duros y carácter resuelto, nervios de acero. Totalmente absorto en sus trabajos e investigaciones, Martin, cuyo atractivo no se les escapa a las mujeres, tiene a su amiga Diana un tanto abandonada, cosa que ésta le recuerda con mucha frecuencia. Nos encontramos de nuevo ante un típico caso de "Héroe misogamus": El paladín no tiene tiempo para crear un hogar y una familia, pues es esclavo de sus obligaciones mundanas, generalmente hacer el Bien y la Justicia.

A Martin, quien le acompana siempre es Java, que tiene una actuación destacada siempre que pintan bastos. Con la figura deJava, el hombre de Neanderthal irrumpe en el Cómic por la puerta grande. Sospechamos que la especie predominante en las historietas localizadas en la remota Prehistoria es el "Homo sapiens", o sea, un senor igual que nosotros, pero con más pelo, envuelto en una piel sin curtir y armado con una tranca.

Java es un ser auténticamente tosco, como corresponde a un eslabón intermedio de la larga cadena de la evolución humana. Sacado del túnel del tiempo por su mentor Martin, que es legalmente su tutor, este homínido de enorme fortaleza física, carece de lenguaje articulado y se expresa por medio de grunidos, pero parece estar en posesión del carnet de la y conduce el Ferrari de Mr. Mystere. Dotado de una hipersensibilidad como sólo podía tener un ser.en perfecta comunión con la Naturaleza, este rudimentario especimen prehumano olfatea hasta el más mínimo peligro. Es un perfecto companero de aventuras, aunque no sea un gran conversador, y su hercúlea fuerza saca al investigador de lo imposible de más de un compromiso.

Si bien el destino de todas las chicas que aparecen en la serie es el de enamorarse del apuesto Martin, en esto se lleva la palma cas. siempre Diana Lombard, "secretaria" del arqueólogo-detective y eterna aspirante a un lugar en su corazón. No es que la "ragazza" sea el clásico cero a la izquierda ni mucho menos. En un episodio (Un vampiro en Nueva York) incluso trabaja como asistente social en lugares tan poco recomendables para una dama como las calles de Harlem, y da muestras de inteligencia y perspicacia en muchas otras ocasiones, pero desgraciadamente, como no podía ser menos, su condición femenina la convierte en víctima propiciatoria de toda suerte de raptos y extorsiones, colocando a nuestros arrojados protagonistas en aprietos que obstaculizan sus movimientos.

Frente al papel de la terriblemente femenina Diana está el de Beverly, la intelectual, que Martin tolera a su lado debido a su condición de "colega" (su padre era arqueólogo), y en la que nuestra protagonista no ve más que a una companera de trabajo.

 

Los Hombres de Negro. Una multinacional de la ocultacion. Lenin dijo una vez que la verdad era revolucionaria. Partiendo de estos mismos plan teamientos, Martin Mystere se lanza a aclarar los enigmas pendientes y llega en sus investigaciones a insólitas certidumbres que pueden dar al traste con muchos dogmas que se consideraban intocables. Es en este punto donde entran "los de negro", que ya aparecen en el primer episodio, que se presentan como los guardianes de la Ortodoxia, de la "verdad establecida", dispuestos a destruir cualquier prueba de que el Mundo y su historia pueden haber sido distintos a la, llamémosle, "versión oflcial". Ellos se definen, asimismo, como unos modernos "inquisidores", afirmando su esencial continuidad con aquéllos que en la Edad media y el Renacimieno condenaban a la hoguera a quienes osaban invocar a fuerzas ocultas o insinuar que la Tierra no era más que un simple planeta que giraba alrededor del Sol, y no el centro del Universo como sostenía el Vaticano, abriendo así la posibilidad de la existencia de vida en otros planetas, de civilizaciones idénticas o incluso superiores a la nuestra. Esto podría amenazar el reparto de poderes en la Tierra, e introducir una total relativización universal, donde se quería imponer la más rígida jerarquización a todos los niveles, empezando por la Sociedad.

Por lo tanto, siempre que Martin está en puertas de un descubrimiento trascendental para la memoria de la Humanidad, esta auténtica internacional de la manipulación histórica entra en acción, cumpliendo su oscurantista cometido. La lección es evidente: Todo debe seguir como hasta ahora. Hay demasiados intereses en juego. Una revelación inoportuna, puesta en manos del Público, podría tener consecuencias incalculables --y desastrosas-- para los que usufructan, en su propio beneficio, los grandes negocios de la Tierra.

Aunque los hombres de negro llevan un atuendo mafioso, no creo que eso debe despistar lo esencial que es el color; más cuando el producto es italiano. Hombres de negro han sido siempre los sacerdotes. El negro, en nuestro ámbito cultural, es el color de la ortodoxia, de la Inquisición y del clero, dichas sean las tres cosas sin querer que sean una. En el panorama anglosajón, de negro iban los puritanos. El negro es un color que se une a lo establecido contra lo heterodoxo. Jugar con su significado no es nuevo. Nicholas Ray lo hizo en "Johnny Guitar", vistiendo de tal color a los perseguidores de Johnny y Vienna. Cabrían mil eiemplos mas.

 

El arma de rayos, nueva Excalibur. Como aquellas espadas que sólo podía blandir en defensa de una causa justa, un viejo sabio tibetano obsequia a Martin con una moderna Excalibur de rayos paralizantes. Lo malo es que también regala una réplica al por entonces amigo y companero de Martin, Sergei Orloff, y éste--cómo no--decide utilizarla en aras del Mal (lo que por otra parte ya había profetizado el vetusto santón). Los malvados, como corresponde a gent,e de su ralea, atacan siempre a traición y amparándose en la superioridad numérica. Ante tamana felonía, Martin Mystere no tiene más remedio que recurrir al uso del arma maravillosa, sopena de ser vilmente machacado y pasaportado al otro mundo. Sin embargo, su poder no pasa de ser un simple paralizante, mientras que el de Orloff (fruto de su mente enferma y cruel) es capaz de provocar la muerte a los recipiendarios de sus malignos efluvios.

 

El maniqueísmo es uno de los recursos, valga la redundancia, más recurrentes, y "Martin Mystere" no podía ser una excepción. Resenada ya la dicotomía esencial entre la investigación pura, buscadora de la verdad, y la ocultación y tergiversación representada por los "Hombres de negro", en aras del Orden establecido, aparece una nueva dialéctica, desarrollada en un par de aventuras, entre nuestro protagonista y Orloff, personaje que representa el típico ejemplo del uso de la ciencia y sus recursos en pos del Mal, lleno de todos los tics megalomaníacos que vienen al caso, en contraste con la figura de Martin, que consagrado al sacerdocio de la Verdad, sólo le debe a su ímprobo trabajo en muchos campos, el disfrute de una posición económica desahogada.

Hemos hecho hincapié en los aspectos del guión, pormenorizándolos, por ser lo que da unidad a una obra tan dispersa y desigual gráficamente.

No hay que perder de vista que si bien en Italia se han cultivado en las últimas décadas un cómic con clara orientación elitista, con Crepax a la cabeza, la tradición que denominaríamos "populista", es muy profunda: remontándonos desde el fllofascista "Juan Centella", a los cuadernos "ínfimos" de la Postguerra, "Suchai", "Pequeno Sheriff", "Texas Bill", a los "Pop-art" de los 60, "Satanik ", "Diabolik ", "Kriminal", llegamos a los actuales "Martin Mystere" y sobre todo al archiconocido "Ken Parker", prueba todo ello de que la sociedad italiana es capaz de asimilarlo todo, incluso las propuestas más extremas, y seguir funcionando.


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